Que raro cuando no estamos distraídos, cuando no tenemos prisa, cuando sabemos detenernos. Y sonreír. Y comprender. Y cerrar los ojos. Y notar incluso los segundos que corren por nosotros. Y saber vivirlos todos a fondo. Y saborearlos con una sonrisa, con una preocupación, con esperanza, con deseo, con cualquier duda, con claridad. Pero saborearlos, saborearlos a conciencia.
El mero hecho de vivir no es algo que se nos deba sin más. La capacidad de asimilar todo cuanto vivimos es fundamental para disfrutar de esos momentos en los que se nos para el tiempo y nuestro mundo deja de girar...
No hay comentarios:
Publicar un comentario