"Las víctimas de un impacto repentino son los más difíciles de tratar. No es solo la colisión lo que les hace daño, es todo lo de después: La fuerza centrífuga que les mantiene en movimiento arrojándolos a la carretera. Sus cuerpos son heridos una y otra vez. No hay forma de saber cuánto daño se han hecho realmente. Hasta que paran.
No puedes prepararte para un impacto repentino. Uno no puede prepararse. Simplemente te golpea de la nada. Y de repente… la vida que conocías… se termina. Para siempre."
Eso fue lo que pasó aquel enero de 2001.