miércoles, 30 de marzo de 2011

Mad World

Sant Antoni de Calonge, foto del 20 de Marzo del 2011.

Quizás he aprendido a sacar partido a mi forma de ser, que la mayor parte del tiempo he criticado. Quizás prefiero vigilar una vela y disfrutar de su luz que no ver brillar. Quizás prefiero oler incienso y permanecer emocionada hasta que se termina a dejar dormido mi olfato. Quizás no quiera ser una gran publicista y solo quiera sentirme orgullosa de mi trabajo. Quizás mi perspectiva ha dado un giro, porque he averiguado que las cosas que me llenan por dentro no cuestan dinero.

S.

viernes, 25 de marzo de 2011

La ira

En la vida nos han enseñado que hay 7 pecados capitales. Todos conocemos los grandes... Gula, orgullo, lujuria... Pero no se escucha tanto hablar de la ira. Quizá sea porque creemos que la ira no es tan peligrosa, que se puede controlar. A donde quiero llegar es a que quizá no le demos a la ira suficiente importancia. Quizá pueda ser mucho más peligrosa de lo que creemos.

Así que ¿qué hace que la ira sea diferente a los otros 6 pecados capitales? Es muy simple realmente, te entregas a un pecado como la envidia, o el orgullo y solo te haces daño a ti mismo. Prueba la lujuria o la codicia y solo te harás daño a ti mismo y quizá a una o dos personas más. Pero la ira, ira es el peor de todos... el padre de todos los pecados... La ira no solo te puede llevar hasta el extremo, sino que cuando lo hace, puedes llevarte a demasiada gente contigo...

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Verlo o no venir

Un hombre sabio dijo una vez que puedes tener todo en esta vida si sacrificas todo lo demás por ello, lo que quería decir es que nada viene sin un precio a pagar así que, antes de entrar en batalla, más vale que decidas cuanto estás dispuesto a perder por ello.

Demasiado a menudo, ir a por lo que sienta bien significa dejar a un lado lo que sabes que es correcto. Dejar que alguien entre en tu vida significa abandonar las paredes que llevas toda una vida construyendo, por supuesto que los sacrificios más duros son lo que no vemos venir cuando no tenemos tiempo de formular una estrategia para elegir un bando o para medir la perdida que sufriremos, cuando esto ocurre, cuando la batalla nos elige a nosotros y no al revés, ahí es cuando el sacrificio puede resultar mayor de lo que podemos soportar.

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