Si coges un reloj y observas el secundero, te darás cuenta como el tiempo avanza vertiginosamente deprisa. Quizás de apariencia modesta y sencilla, con su brillante mecanismo nos enseña una lección; no podemos "pararnos" nunca, y él es el que nos obliga a seguir un ritmo.
No hay pausa, y aún cuando "la hay", el nunca se para y cuando vuelvas de tu descanso te recordará que el no se ha parado, ha seguido sin ti.
Para bien o para mal, una sucesión infinita de segundos, minutos y horas que nunca se acaba, ni llegará a su fin en toda nuestra existencia.
El caso es que, tenemos millones de opciones de tratar con él, pero el pilar más básico es decidir si nuestra relación será positiva o negativa. Hay que tener en cuenta que esa elección puede que te venga dada, puede que no puedas evitar odiarle cuando él sea el que te conduzca o te acerque cada vez más a alguna desgracia personal, pero también puede que él te haga cada vez más feliz y sea tu gran amigo y aún cuando sea él quién te acerque a esa desgracia sea él también quien te cure después.
Es dificil valorarle y quererle, es totalmente cierto, básicamente porque es díficil querer a algo que tiene dos caras, nos produce desconfianza y desconcierto.
Pero, aunque no tengas esa suerte de poder escoger si tu relación será positiva o negativa, puedes tener otras dos opciones muy valiosas; aprovecharlo o desperdiciarlo. Quizá esta elección, aunque secundaria, es más relevante a lo largo de tu vida que la primera.
Si escoges aprovecharlo y lo llevas decentemente a cabo, puede que jamás tengas la sensación de arrepentirte de lo que hayas hecho o no hayas hecho porque esa postura te obliga a valorar todos y cada uno de los momentos de tu vida y eso no es reprochable. Habrás hecho más o menos, pero habrás valorado las opciones y siempre te habrás decantado por la que te hacía más feliz, y una vida "vivida" sea como sea gana la batalla a una vida desaprovechada, y de eso, nadie puede tener ninguna duda.
Silvia
No hay comentarios:
Publicar un comentario